domingo, 16 de febrero de 2014

¿Sabéis ese momento en el que entra alguien a vuestras vidas y sentís que ya no queréis que aparezca nadie más?
Cuando ya no necesitas los buenos días de nadie que no sea esa persona, ni otras conversaciones, ni otras risas, ni otras tonterías, ni otros besos.
Cuando hasta la más mínima gilipollez consigue alegrarte el día y hasta la semana.
Cuando sabes que no quieres pasar tiempo con alguien que no sea él.
Cuando un abrazo vale más que un polvo.
Y cuando un polvo arregla una discusión.
Cuando, simplemente, no te ves con nadie más.
No sé si habrán más como él, tampoco necesito saberlo, solo quiero que se quede conmigo. Todo lo posible. Todo lo necesario.
Porque nunca una casualidad fue tan bonita. Y nunca había significado tanto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario